ANTE UN SUICIDIO: ¿CÓMO PUEDO VIVIR CON ESTE DOLOR?

 

El día grande de la Navidad, cuando los niños esperan ilusionados los regalos de Papá Noel y las familias acusan perezosas la resaca de la Nochebuena, nos despertamos con la dolorosa noticia del suicidio del artista Ari Behm. Este hombre era el exmarido de la princesa Marta Luisa de Noruega y por su dimensión pública la noticia de su muerte corrió como la pólvora y encabezó los titulares del día. Sentí un gélido escalofrío al pensar en este día especial destinado a la alegría teñido para siempre de luto y lágrimas en esa familia. Dejaba tres hijas adolescentes, unos padres devastados y numerosos amigos y familiares que no pudieron hacerle sentir que lo amaban hasta el infinito.

Sin embargo, celebré la valentía con que hablaron abiertamente del suicidio y de las dolorosas circunstancias en que murió. Aún me estremece recordar el discurso tembloroso y emocionado que su hija mayor de 16 años dedicó a su padre en su funeral abrazada al primoroso retrato que le había dibujado y su decidido esfuerzo por comprender compasivamente sus motivos. Parte de su amorosa carta rezaba así:

Papá sabíamos que estabas triste, pero dijiste que estabas un poco mejor. Quizás, ocultaste lo mal que estabas para no preocuparnos. Un suicidio no es culpa de nadie. No podemos culparnos. Es como una enfermedad mortal… Papá debes de haber estado tan cansado que no viste otra salida, pero estabas equivocado porque siempre hay una salida, aunque no se vea…”

En este valiente alegato mencionó la enfermedad mental de forma honesta y abierta y su desenlace indeseado. Hacerlo así facilita a los familiares, allegados y amigos, el reconocimiento de lo sucedido, principio en todo camino de sanación.

 Para ellos, amigos y familiares, se acuñó el término “supervivientes”. Con este nombre comenzamos a designar a los afectados por la muerte de un ser querido por suicidio. Nombrarlos constituyó en su día un hito importante porque permitió visibilizar su sufrimiento dado que hasta entonces eran los grandes olvidados.

 Ayudó a resquebrajar el silencio social cómplice que, como una espesa capa de tierra, sepultaba la posibilidad de hablar claramente sobre el suicidio, de sus causas y sus consecuencias, por el temor de que al hacerlo se produjera un pernicioso “efecto contagio”.

Sin embargo, sabemos que silenciar el suicidio es algo nefasto porque impide que se reconozca esta realidad. Y, sólo si nos atrevemos a mirar con sinceridad el problema y hacemos como sociedad el esfuerzo de comprenderlo en su complejidad entonces, y sólo entonces, ayudaremos a dar soluciones adecuadas y sanadoras frente a las hondas heridas que causan los sufrimientos humanos silenciados.  

Tenemos que aprender a familiarizarnos con nuestras señales de “malestar emocional” para identificar cuáles son los estados emocionales vulnerables que nos ponen en riesgo. Los pensamientos suicidas no deben de considerarse como algo “privado” que tenemos que guardar para nosotros mismos. Debemos saber que ante los sentimientos de vergüenza o los pensamientos de que “nadie va a poder entender mis razones” (M. Konrad, 2019) existen profesionales sensibles y expertos que ayudan sin juzgarles, de forma empática y comprensiva, a poner palabras a los sentimientos difíciles que albergamos cuando transitamos por espacios íntimos de desolación interior. Porque con una ayuda adecuada podemos encontrar alternativas de solución a nuestras angustias y problemas.

En España las cifras de suicidios son escalofriantes y abrumadoras: 10 personas al día mueren por suicidio, siendo la primera causa de muerte no natural desde hace más de 12 años y la segunda causa de defunción de jóvenes entre 15 y 29 años. Se calcula además que cada suicidio afecta íntima y profundamente al menos a 6 personas y que por cada culminación de un suicidio existen 10 intentos fallidos. Si nos ponemos a contar las personas afectadas por la muerte por suicidio serían 21.600 personas al año. Estas personas están en riesgo y deben conocer que les podemos ayudar.

El pasado 21 de noviembre conmemorando el Día Internacional del Suicidio se presentó en la sede del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid la Guía para familiares del Duelo por Suicidio”. Estuvo arropada por integrantes del Grupo de Trabajo de Suicidio del Colegio, miembros de la asociación AIPIS y por el cariño y aliento de los “supervivientes” quienes lograron, como en una catarsis colectiva, emocionarnos con sus vívidos testimonios y ganar un pulso a la muerte.

Nos mostraron que con su contribución a la ciencia habían logrado llenar de significado el propio sufrimiento y que el sentido existencial de la vida no se agota por transitar ante circunstancias adversas, sino que éstas agrandan nuestro destino personal hermanados por el sostén compasivo y generoso de los otros.

La tristeza y la desgracia están ahí para nuestro crecimiento y sabemos que hemos aceptado un sufrimiento cuando hemos logrado extraer algún bien de él (Dórs, Pablo. 2012)

Todos en comunión, profesionales, familiares y allegados ofrendaron esta Guía para aliviar el sufrimiento, para allanar el camino y concienciarnos de que:

El duelo por suicidio no es un duelo normal”.

Sino que es una de las crisis más difíciles de afrontar tanto en el plano personal como en el familiar. Su abordaje conlleva ciertas especificidades que requieren de una asistencia profesional inmediata porque, se ha demostrado, que mejora posteriormente la elaboración del duelo.

En general, una muerte sobrevenida de esta naturaleza se “entiende poco” a no ser que la persona lo hubiera intentado previamente o tuviera problemas psicológicos conocidos por sus familiares. Aún así, lo inesperado de estas situaciones, el golpe repentino e inexplicable de los dolorosos hechos hace que los “supervivientes” se sientan desbordados por abrumadores sentimientos de culpa, de vergüenza, de remordimientos ante la idea de que “podían haberlo evitado”, “de que se les escaparon ciertos detalles”, etc.

A ellos se suman las actitudes o juicios sociales ante el suicidio que de alguna manera intimidan a las familias para poder hablar abiertamente de lo sucedido y obstaculizan el restablecimiento de su bienestar emocional: ¿Qué van a pensar de mí si se enteran?, ¿qué he sido mala madre?, se preguntaba desgarrada Rosa ante el suicidio de su hija Celia de 17 años, ¿Qué no estuve suficientemente atenta?

Se necesita de una honda comprensión y una adecuada escucha terapéutica para hablar de lo ocurrido, de las circunstancias de la muerte y de todo aquello que necesiten expresar (Martínez, R. 2010). Crear ese espacio confiable y seguro predispone positivamente hacia una comprensión empática de LO IMPENSABLE, encauza hacia la aceptación de lo sucedido y ofrece el bálsamo del perdón porque no somos los responsables de los actos de otra persona y por no poder hacer las cosas mejor.

  Necesitamos emplear mucha comprensión y empatía hacia las circunstancias íntimas y personales que llevó a esa persona a tomar la decisión de acabar con su propia vida para poder elaborar la culpa y en algún momento del proceso, reconciliarnos con el suicidio y la decisión de morir. Solo así lograremos reengancharnos más trasformados, más humanos, más enriquecidos y quizás, algo más sabios, a la grandeza inconmensurable del río sinuoso de la vida.

RAQUEL TOMÉ LÓPEZ 

PSIÓLOGA SANITARIA y PSICOTERAPEUTA ANALÍTICO-VINCULAR.

CENTRO GUÍA DE PSICOTERAPIA DE MADRID.

www.centroguiadepsicoterapia.com

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Martínez, Rosa Mª. (2010) Cicatrices del corazón: Tras una pérdida significativa. Bilbao, España. Desclèe de Brouwer.
  • Michel, Konrad., Gynsin-Maillart, Anja. (2015) Attempted Suicide Short Intervention Program. A Manual for Clinitians. Boston, U.S.A. Hogrefe.
  • Fonagy, P., Gergely. G., Jurist, E.l., y Target, M. (2004) Affect Regulation, mentalitation and the development of the self, London, UK. Karnac Books.
  • Montés, M., Jiménez, A., Jiménez, J., (2019) Guía para familiares del Duelo por suicidio. Madrid, España. Comunidad de Madrid.
  • D´ors, Pablo (2012). Biografía del silencio. Breve ensayo sobre meditación. Madrid, España.
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RAQUEL TOMÉ LÓPEZ

Acerca de RAQUEL TOMÉ LÓPEZ

DIRECTORA DEL CENTRO GUÍA DE PSICOTERAPIA EN MADRID Y POZUEO DE ALARCÓN. PSICÓLOGA GENERAL SANITARIA Y PSICOTERAPEUTA ANALÍTICA. PSICÓLOGA JURÍDICA Y MEDIADORA. NEUROPSICÓLOGA. ESCRITORA Y DIVULGADORA. COL. M-14725

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