Claves para la prevención del suicidio en los centros educativos

La prevención de los trastornos de la depresión, así como la prevención del suicido en los centros educativos tiene suficiente tradición investigadora y evidencia científica. De especial interés es el artículo publicado por Sánchez-Hernández, Méndez y Garber (2014). En el se describen las características de las intervenciones que han conseguido mayores efectos, así como algunas limitaciones de los estudios. Exponen, asimismo, los autores algunas sugerencias de cara a futuras investigaciones, siempre a los efectos de abundar en el bienestar de la población adolescente en la sociedad actual.

Chica en la ventana en actitud de tristeza

Y de gran relevancia puede considerarse la investigación que desarrolla Fonseca-Pedrera en los últimos años sobre el diseño y desarrollo de planes para la prevención del suicidio en los centros educativos. Publicaciones como Conducta suicida y juventud: pautas de prevención para familias y centros educativosIdeación suicida en una muestra representativa de adolescentes españoles representan hitos esenciales en la aproximación a un reto incuestionable en el momento actual en los procesos de planificación de los centros educativos: atender de manera científica, planificada y profesional la incesante demanda de los centros educativos en lo referente al afloramiento de los trastornos del estado de ánimo en el alumnado; evidenciado en forma de importante desajuste emocional y comportamental y violencia autodestructiva (conductalesiones autoinfligidas e ideación, comunicación e intencionalidad suicida).

Dificultades para la implantación de programas de salud mental

Pero no todo resulta tan fácil. Disponemos de la evidencia, de la experiencia y de la efectividad de los programas. Disponemos, por tanto, del tejido esencial del que están elaborados los programas. Procesos, contenidos y agentes especialmente diseñados, ordenados y pensados para reducir y minimizar los efectos dramáticos de la inacción ante los inagotables trastornos del estado de ánimo ligados al desarrollo adolescente en el mundo actual. Sin embargo, no parecemos estar en disposición de «arrancar» adecuadamente en este reto. Dificultades ligadas a diferentes variables siguen suponiendo un lastre, en ocasiones prácticamente insalvable, para incorporar fue manera segura y transparente este tipo de programas claramente educativos; entre otras:

  • La propia cultura y dinámica de los centros educativos, alejada sensiblemente del abordaje de este tipo de situaciones.
  • Los objetivos que le son marcados a la escuela por el ordenamiento jurídico y la propia presión de la sociedad (incluidos especialmente los padres) y de las organizaciones y organismos de cooperación internacional; especialmente orientada a los resultados académicos.
  • La resistencia de las administraciones a la incorporación efectiva y generalizada de profesionales diferentes a la propia acción docente. Entre ellos destaca de modo singular la ausencia de la Psicología educativa de los planes y programas aplicados por el sistema educativo. Especialmente importante es la ausencia de recursos especializados de orientación psicológica en Formación Profesional)
  • La muy escasa formación del profesorado y agentes educativos (tanto inicial como en ejercicio) sobre promoción de salud mental y prevención, detección e intervención en situaciones ligadas a los trastornos del estado de ánimo del alumnado.
  • La falta de espacios y tiempos específicos para el desarrollo de estos planes. Las actuales estructuras organizativas y horarias que permiten la acción tutoría (en educación secundaria, pero no en primaria, por ejemplo) no parecen suficientes para el desarrollo de estos programas,
  • La limitada capacidad de reacción de las administraciones educativas y sanitarias a la emergencia de los problemas de salud mental más graves y dramáticos en los centros educativos, incluida la ausencia de protocolos de respuesta adecuados.
  • Las muy notables dificultades de la red de salud mental especializada infanto-juvenil para el asesoramiento «a» y la coordinación «con» los centros educativos.

Es necesario reaccionar y revisar profundamente la realidad. Los datos y las evidencias son contumaces. Niños, niñas y adolescentes pasan por los centros educativos un mínimo de 175 días al año y en torno a seis horas al día en ellos. Y los sistemas educativos y sanitarios especializados de salud mental infanto-juvenil, sin dejar de prestar atención, por supuesto, a objetivos nucleares de su razón de ser,  han de permitir la adecuada respuesta a necesidades emergentes que afectan e imantan de manera profunda con la salud pública. Aspecto éste nada desdeñable,

Rosa en traviesa de tres
Una flor en traviesa de vía de tren
Principios para la elaboración de programas para la prevención de los trastornos del estado de ánimo y del comportamiento suicida en los centros educativos

Consecuentemente con lo expresado, los programas para la prevención de los trastornos del estado de ánimo y del comportamiento suicida en los centros educativos deberían contar, al menos, con los siguientes principios esenciales:

  • Deben recoger la evidencia científica y estar apoyados institucionalmente.
  • Han de esmerar la coordinación local o sectorial entre atención especializada en salud mental y centros educativos.
  • Deben implicar a toda la comunidad educativa e incorporarse a los planes de convivencia de cada centro educativo.
  • Han de incorporar acciones para la promoción de la salud en general.
  • Han de incorporar sesiones de trabajo con padres, profesorado y alumnado, incluyendo actividades de formación previas para los colectivos de profesores y familias.
  • Deben disponer de tiempos y espacios específicos para su desarrollo.
  • Deben contar inicialmente con profesionales que colaboren y asesoren en el diseño de los planes, con el objetivo de capacitar al personal del centro.
  • La figura del psicólogo/a educativo se considera imprescindible en el diseño, desarrollo y evaluación de los planes.
  • Deben contar con contenidos específicos que aborden la sensibilización e información sobre la salud emocional, los factores de riesgo y protección, el manejo y control de la ansiedad y agobio emocional, las relaciones entre pensamiento y emoción y la lucha contra el estigma.
  • Deben disponer de módulos de atención individual según necesidades.
  • Debe incorporar un procedimiento y materiales para la evaluación pre y post implementación, para todos los colectivos implicados, que combine técnicas cualitativas (grupos de discusión, por ejemplo) y cuantitativas.
  • Deben disponer de materiales de cribado de trastornos estado de ánimo e intencionalidad suicida.
  • La importancia de insertar la intervención en el marco de la acción tutorial.

La respuesta no debería esperar mucho. Disponemos ya de experiencias en nuestro entorno, basadas en la evidencia, que pueden representar un marco de ejemplificación y buenas prácticas imprescindible. Especialmente respetable es la experiencia de La Rioja. Estamos a tiempo. Sin lugar a dudas.

Referencias 

 

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