Impacto a nivel psicológico y estigma social asociado a la obesidad infantil

Autoría: Laura R. Mondragón, MSc y Marta Rojo, MSc, Psicólogas Sanitarias. Equipo de investigación ANOBAS (www.anobas.es). Facultad de Psicología. Universidad Autónoma de Madrid. Contacto: laura.r.mondragon@gmail.com; marta.rojo@uam.es

Relevancia de la obesidad infantil

La obesidad infantil es un tema de relevancia a nivel mundial y un problema de salud de primer orden (Domínguez-Vásquez, Olivares y Santos, 2008). Aunque ha sido definida principalmente a nivel médico (Azcona, Romero, Bastero y Santamaría, 2005), en realidad, se trata de un problema de salud complejo de etiología multifactorial que implica factores genético-biológicos, psicológicos, ambientales, sociales y culturales, entre otros (Domínguez- Vásquez et al., 2008).

En Atención Primaria, este problema se ha convertido en un motivo de consulta cada vez más frecuente en niños y adolescentes, afectando a nivel europeo al 20-35% de los niños/as entre los 7-11 años (Costa-Font et al., 2013). Concretamente en los últimos 40 años (1975-2015), las cifras han aumentado desde un 1% hasta un 7%, alcanzando los 124 millones de personas entre los 5 y los 19 años (OMS, 2017). A nivel nacional, contamos con dos estudios de prevalencia rigurosos, por un lado, el estudio enKid (1998-2000), realizado sobre una muestra final de 3.534 personas de entre los 2-24 años. La prevalencia de la obesidad para este grupo se estimó en un total del 26,3% de la población de estudio con problemas de exceso de peso, más específicamente, un 13,9% de sobrepeso y un 12,4% para la obesidad. Posteriormente, se realizó el estudio ALADINO (estudio de vigilancia del crecimiento, Alimentación, Actividad física, Desarrollo Infantil y Obesidad, 2013), que contaba con una muestra de 7.923 niños/as de entre los 6-9 años. Los resultados concluyeron que aproximadamente un 43% de los niños/as tenían problemas de exceso de peso, un 24,6% sobrepeso y el 18,4% obesidad (Pérez-Farinós et al., 2013).

Estas cifras son alarmantes más aún teniendo en cuenta que es un problema de salud con tendencia a mantenerse e incluso agravarse a lo largo de la vida. De hecho, se calcula que el 50% de los niños con obesidad seguirán teniendo exceso de peso en la adolescencia, y de éstos en torno al 80% se espera que mantengan este problema de salud en la vida adulta (Simmonds et al., 2015). Además, existe suficiente evidencia empírica disponible para afirmar que el desarrollo del sobrepeso y la obesidad durante la infancia, conlleva numerosas consecuencias físicas y psicosociales a lo largo de la vida, junto con un importante coste sanitario (Costa-Font et al., 2013).

Impacto a nivel psicológico de la obesidad infantil

Afortunadamente, ha incrementado el número de investigaciones orientadas al estudio de variables psicológicas en obesidad infantil. No obstante, sigue resultando difícil decidir si la obesidad es causa o consecuencia de un trastorno psicológico, o que ambas variables estén interrelacionadas de manera bidireccional (Azcona et al., 2005).

En esta búsqueda de evidencia para la bidireccionalidad, en un estudio realizado en 155 niños/as franceses con obesidad entre los 5 y 17 años, los resultados indicaron que el 58% de los niños/as presentaba un diagnóstico clínico, donde un 32% correspondía a un trastorno de ansiedad, un 12% un trastorno del estado de ánimo y el 16% un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (Vila et al., 2004). Más recientemente se han evaluado 170 niños/as españoles entre 8-12 años con sobrepeso y obesidad, encontrando que el 57,06% de la muestra presentaba un diagnóstico psicológico infantil. El trastorno de ansiedad fue el más prevalente con un 31,7%, seguido del trastorno afectivo (10%) según los criterios del DSM-5. Además, un 33,5% de niños/as que presentaba episodios de falta de control ante la comida (LOC; Loss of Control Eating), quienes a su vez presentaban más actitudes alimentarias patológicas. Además, se sabe que la sintomatología ansiosa y la presencia de episodios LOC correlacionan positivamente con un mayor estatus de peso (z-IMC) de los niños/as (Sepúlveda, Solano, Blanco, Lacruz y Graell, 2018).

El estigma relacionado con el peso y las implicaciones en la salud

En investigaciones previas, se ha comprobado que los niños/as con sobrepeso y obesidad se desarrollan en un ambiente donde a menudo son criticados, estigmatizados por su apariencia física, y aislados a nivel social por parte de sus iguales (Hayden-Wade, Stein, Ghaderi, Saelens, Zabinski y Wilfley, 2005; Blanco, Sepúlveda, Solano, Alcántara, Parks y Román, 2017). La alta prevalencia de burlas y el rechazo social desde edades tempranas, pueden tener un gran impacto en el desarrollo posterior psicosocial y en su personalidad, favoreciendo a su vez un riesgo mayor de comorbilidad psiquiátrica (Erermis et al., 2004; Puder y Munsch, 2010). También, puede haber un deterioro de la valoración que hacen de su imagen corporal, de su valoración y competencia personal quedando reflejado en una menor autoestima y bienestar psicológico. En este sentido, Blanco et al. (2017) encontraron niveles de bienestar psicológico significativamente inferiores en los niños/as con obesidad (Percentil ≥ 97), siendo las burlas hacia el peso un mediador entre ambas variables.

Por otro lado, diversas investigaciones científicas han hallado que el estigma relacionado con el peso puede desencadenar cambios fisiológicos relacionados con la salud metabólica y cambios conductuales con múltiples influencias sobre la salud física y psicológica (Organización Mundial de la Salud, 2017; Puhl y Heuer, 2009; Puhl, Luedicke y Heuer, 2011; Puhl y Suh, 2015; Tomiyama et al., 2018). Desde diferentes entornos, en los países occidentalizados, se tiende a promover la vergüenza en aquellas personas que no cumplen las normas o cánones establecidos socialmente. Esto incluye lo que se considera un “cuerpo aceptable”, provocando diferentes implicaciones emocionales en las personas que no lo cumplen; como los sentimientos de vergüenza, que pueden contribuir en el ánimo depresivo. Es importante destacar que la vergüenza es una emoción especialmente dolorosa y angustiosa para los/as niños/as y, cuando se interioriza, puede provocar consecuencias potencialmente dañinas.

En amplios estudios longitudinales tanto en niños/as como en personas adultas, se ha confirmado que las experiencias de ser estigmatizadas por su peso predicen y aumenta el riesgo posterior de tener un exceso de peso mayor, independientemente de la línea de base (Jackson, Beeken y Wardle, 2014; Hunger y Tomiyama, 2014; Sutin y Terracino, 2013). El estigma relacionado con el peso contribuye al desarrollo de conductas como la pérdida de control alimentario, los atracones, el aislamiento social, la disminución o evitación de actividad física; llegando a empeorar la salud de las personas víctimas de dicho estigma y creando barreras adicionales para el compromiso con comportamientos saludables. El papel de los distintos profesionales de la salud en contextos sanitarios y educativos es vital para el abordaje del estigma relacionado con el peso.

El papel de psicólogo en la obesidad, ¿es posible desde Atención Primaria?

Desde diversos grupos nacionales e internacionales se ha señalado a las/os profesionales de Atención Primaria (AP) como una pieza clave en el tratamiento y la prevención del sobrepeso y la obesidad infantil (Ariza et al., 2015; O’Connor et al., 2017), sin embargo, por la alta demanda de AP y la dinámica del servicio, resulta complicado brindar el asesoramiento requerido por los/as niños/as y sus familias; siendo recomendable la derivación a programas especializados. En una revisión sistemática realizada por Rajmil et al. (2017) se recomienda implementar programas multicomponente llevados a cabo por profesionales con formación especializada, que incluya la participación de la familia y aborden aspectos conductuales, psicológicos, individuales y sociodemográficos. En este sentido, la incorporación de los profesionales de Psicología en Atención Primaria de la Salud sería una oportunidad para ofrecer programas de prevención, y brindar un tratamiento de salud especializado e interdisciplinar en diferentes problemas de salud (Duro, 2016).

Concretamente, la presencia de profesionales especializados en el tratamiento del sobrepeso y la obesidad infantil en AP, favorecería un rol activo hacia el cambio, promoviendo y mejorando las tareas preventivas asistenciales, la promoción y la educación para salud, trabajando desde una perspectiva individual, grupal, social, comunitaria e institucional (López y Costa, 2013). Además, teniendo en cuenta las dificultades mencionadas anteriormente, sería conveniente promover la formación y el entrenamiento en habilidades de Entrevista Motivacional a los distintos profesionales de la salud para facilitar los cambios en hábitos saludables y la mejora de la adherencia a los tratamientos (Feliu Rovira et al., 2013).

Conclusiones

En resumen, los niños/as con sobrepeso y obesidad están expuestos a diferentes estresores psicosociales que tienden a acumularse, y que pueden llegar a tener un impacto incluso mayor que la propia comorbilidad médica. Aunque la obesidad no se considera una patología mental, las variables psicológicas y las repercusiones a nivel emocional y conductual deben tenerse en cuenta desde etapas tempranas del desarrollo.

En este sentido, es necesario poner en marchas estrategias de prevención e intervención ajustadas, donde además de incluir la promoción de hábitos saludables (nutrición y actividad física), se trabaje con los niños/as otros aspectos como la regulación emocional y la autoestima, proporcionar herramientas que promuevan procesos de adaptación positivos, el entrenamiento en habilidades sociales, entre otros factores (Sepúlveda et al., 2018; Blanco et al., 2016).

Por otro lado, entre las principales recomendaciones para abordar la obesidad y sus consecuencias como el estigma, destacan (a) la mejora de los entornos clínicos y de atención mediante el modelado de prácticas y lenguaje no sesgado; (b) el uso de técnicas desde la empatía y el “empoderamiento” de los/as niños/as y sus familias mediante el uso de las técnicas de Entrevista Motivacional; (c) la formación de los profesionales de la salud y de la educación para el abordaje del estigma relacionado con el peso en entornos sanitarios y educativos.

En conclusión, se propone el trabajo desde una perspectiva multidisciplinar, que incluya la participación de diferentes ámbitos de gran influencia a lo largo del desarrollo, como es la escuela, la familia, y otras medidas a nivel global de carácter socio-político (Berger y Everts, 2011; Sepúlveda et al., 2019). En este sentido, Atención Primaria parece un contexto idóneo donde proporcionar una atención adecuada a los niños/as con sobrepeso y obesidad, ya que es un servicio de acceso directo a la Salud desde edades tempranas. Así, se propone un trabajo conjunto de diferentes profesionales de la salud, que incluyan servicios de Psicología, Pediatría, Enfermería, Nutrición, entre otros, en la prevención y el tratamiento multicomponente.

Referencias

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