Tecnoestrés: origen del término

El ser humano ha tenido una continua y vital evolución tecnológica a lo largo de la historia unido a su supervivencia. Se nos denomina como “homo technicus” (Galván, 2003) o tecnosapien por la importancia e interacción de la tecnología en nuestro proceso evolutivo y desarrollo. Como predice la segunda ley de la sociociencia y la ingeniería que cada evolución científica o en ingeniería provoque una reacción social igual y opuesta (Augustine, 1997). En 1981 IBM crea el modelo 5150 que se puede considerar el primer ordenador personal como herramienta de trabajo. Solamente 3 años después aparece una nueva terminología negativa asociada al uso de la tecnología: el concepto de tecnoestrés. En el libro The Human Cost of the Computer Revolution (Brod, 1984) se define como una enfermedad de adaptación causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías del ordenador de manera saludable. Con la definición del psiquiatra Craig Brod, se presenta el tecnoestrés como una enfermedad, con connotaciones negativas para la salud y un desequilibrio entre las demandas vinculadas a la tecnología y los recursos y capacidades con que cuenta el individuo para hacerles frente. Se puede observar una limitación de la citada definición, debido a la época, ya que se centra en la utilización y uso de los ordenadores sin abarcar nuevos dispositivos y tendencias tecnológicas actuales (ej.: smartphones, tablets, robótica, transformación digital, etc.).

En la literatura relacionada podemos encontrar otras definiciones de tecnoestrés. En la década de los noventa en la publicación Technostress: coping with Technology @work, @home and @play (Well y Rosen, 1997), se define el tecnoestrés como “cualquier impacto negativo en las actitudes, los pensamientos o los comportamientos, causado directa o indirectamente por la tecnología”. Recoge la negatividad del tecnoestrés desde un perfil psicológico (afecta a las personas a nivel afectivo-emocional, cognitivo-mental, conductual-motor e incluso fisiológico-somático) y que está producido por la invasión en la vida diaria de ordenadores, smartphones, e-mails, tablets, etc. Amplía el alcance de la definición dada por Brod, concretando áreas del ser humano a las que puede afectar y aumentando el número de dispositivos y tecnología que lo puede provocar.

En el ámbito español destacan la investigaciones y definición dada sobre el tecnoestrés por Salanova (2003): «un estado psicológico negativo relacionado con el uso de TICs o amenaza de su uso en un futuro. Ese estado viene condicionado por la percepción de un desajuste entre las demandas y los recursos relacionados con el uso de las TICs que lleva a un alto nivel de activación psicofisiológica no placentera y al desarrollo de actitudes negativas hacia las TICs». Siguiendo esta línea la propia Salanova, Llorens, Cifre y Nogareda (2007) definen el tecnoestrés de un modo más amplio: “un estado psicológico negativo relacionado con el uso de tecnología o con la amenaza de su uso en un futuro. Esta experiencia se relaciona con sentimientos de ansiedad, fatiga mental, escepticismo y creencias de ineficacia, pero también con un uso excesivo y compulsivo”. En esta definición se destacan novedades respecto a las definiciones y autores de las décadas anteriores:

  • Experiencia psicosocial negativa del tecnoestrés. Riesgo psicosocial.

  • Relación fundamental entre demandas y recursos disponibles del sujeto para la percepción del tecnoestrés.

  • Rompe la especificidad de una tecnología concreta para sufrir este estado planteando la tecnología a nivel general.

  • Se especifican síndromes o trastornos concretos asociados al tecnoestrés de lo que subyacen posibilidades de categorización e intervención.

Wang, Shu y Tu (2008) por otro lado, definen el tecnoestrés como “…inquietud, miedo, tensión y ansiedad cuando se aprende y se utilizan tecnologías relacionadas con el uso del ordenador de manera directa o indirecta, y que en último lugar finaliza con un rechazo psicológico y emocional que evita seguir aprendiendo o utilizando tales tecnologías”. Sigue prevaleciendo la visión negativa del tecnoestrés de manera presente o incluso diferida pudiendo llegar a la evitación total del uso de dispositivos tecnológicos. Plantea consecuencias que pueden afectar la salud de las personas. Se va vislumbrando el calibre y potencial daño de este riesgo psicosocial en las décadas venideras en la que el crecimiento, uso y desarrollo tecnológico será exponencial en interacción constante con el ser humano.

El tecnoestrés se puede considerar ya una pandemia mundial, documentada en la literatura de todo el mundo (Bozionelos, 1996; Khan, Rehman y Rehman, 2013; Lee, Lee y Yung, 2016; Tu, Wang y Shu, 2005). Las consecuencias son generalizadas y costosas repercutiendo en toda la economía mundial. Sólo en los Estados Unidos, el coste en las organizaciones por el estrés se calculó en más de 300 mil millones de dólares por año como resultado del absentismo, la pérdida de productividad, los accidentes en el lugar de trabajo y la rotación laboral (American Institute of Stress, 2007). Se disponen de datos de ese mismo año en que el estrés es el culpable del 50% de los 550 millones de días de trabajo perdidos en los Estados Unidos debido al absentismo. Los estudios aún no han correlacionado con el efecto que supone el tecnoestrés y los costos en salud y seguros, pero el impacto y repercusión será más evidente en las próximas décadas por lo que urge su identificación, evaluación y tratamiento efectivo acompañado de mayor investigación.

Importante resaltar el proceso hiperconectividad. Es evidente que con la aparición e irrupción de la interconectividad y las redes sociales en Internet, ha habido un cambio de paradigma, la evolución hacia un nuevo tipo de individuo, al que  algunos denominan “hiperindividuo” o “individuo conectado”, que no se parece, en general, a sus predecesores en aspectos importantes de su proceso de socialización, desarrollo cognitivo, proceso de individualización y desarrollo moral (Reig y Vílchez, 2013).

Autor: D. Celestino González-Fernández.

Miembro del Grupo de Trabajo del COP Madrid – Psicología y Tecnología

 

Bibliografía

American Institute of Stress. (2007). Job stress. Retrieved from https://www.stress.org/

Augustine, N. R. (1997): Augustine’s Laws. American Institute of Aeronautics and Astronautics
 
Bozionelos, N. (1996). Psychology of computer use: XXXIX. Prevalence of computer anxiety in British managers and professionals. Psychological Reports, 78, 995-1002
 
Brod, C. (1984). Technostress: The human cost of the computer revolution. Addison- Wesley: Reading Mass
 
Galván, J. M. (2003). «On Technoethics». IEEE Robotics and Automation Magazine. 10 (4): 58–6
 
Khan, A., Rehman, H., & Rehman, S. U. (2013). An empirical analysis of correlation between technostress and job satisfaction: A case of KPK, Pakistan. Pakistan Journal of Library and Information Science, 14, 9-15
 
Lee, S. B., Lee. S. C., & Yung, H. S. (2016). Technostress from mobile communication and its impact on quality of life and productivity. Total Quality Management & Business Excellence, 27(7), 775-790
 
Reig, D. y Vílchez, L. F. (2013). Los jóvenes en la era de la hiperconectividad: tendencias, claves y miradas. Madrid. Fundación Telefónica
 
Salanova, M. (2003). Trabajando con tecnologías y afrontando el tecnoestrés: el rol de las creencias de eficacia. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, 19, 225-247
 
Salanova, M., Llorens, S., Cifre, E., y Nogareda, C. (2007). Tecnoestrés: concepto, medida e intervención psicosocial. Nota técnica de prevención, 730, 21a Serie. Madrid: Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo
 
Tu, Q., Wang, K., & Shu, Q. (2005). Computer-related technostress in China. Communications of the ACM, 48(4), 77-81
 
Wang, K., Shu, Q., & Tu, Q. (2008). Technostress under different organizational environments: an empirical investigation. Computers in Human Behavior, 24, 3002-3013
 
Weil,  M.  M.,  &  Rosen,  L.  D.  (1997).  Technostress:  Coping  with  technology  @work, @home, @play. New York: John Wiley and Sons
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