CUIDARNOS PARA CUIDAR MEJOR: LA EXPERIENCIA DEL PSICÓLOGO EN LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Impacto psicológico en los primeros meses de pandemia y confinamiento

El impacto de la crisis del coronavirus en el ámbito de la Psicología ha sido inesperado y espectacular desde su inicio en marzo de 2020.  Con el virus provocando devastación en la salud y la economía de las personas, las repercusiones emocionales fueron graves. Enseguida se manifestaron las necesidades de la mayoría de la población para contención y apoyo psicológico. Los Colegios Oficiales de Psicología, los servicios de Salud Mental públicos y privados, las facultades universitarias, y los profesionales autónomos se han movilizado rápidamente para apoyar y sostener una sociedad entera en crisis psicológica.

Desde entonces, hemos estado especializando cada vez más la ayuda psicológica ofrecida, siguiendo a la vez los cambios que suceden según sigue evolucionando la crisis.  Pero ha pasado más de un año y poco se ha hablado del aspecto psicológico de los propios psicólogos, de la experiencia emocional del que tiene que cuidar a los demás mientras está atravesando la misma problemática.

La relación terapéutica en tiempos de pandemia

En el proceso de psicoterapia, los profesionales de la salud mental estamos entrenados y éticamente obligados de poner nuestro proceso emocional a un lado, para el beneficio del paciente.  Esto a veces se puede complicar si nuestros pacientes presentan con problemáticas parecidas a las nuestras. A la vez, el desarrollo del vínculo terapéutico requiere por nuestra parte como psicólogos, estabilidad emocional, enfoque profesional, y capacidad empática, pero no compasiva.

Con la actual crisis a raíz de la pandemia, todo esto nos ha venido abajo en la práctica clínica. Por primera vez, por lo menos documentada, psicólogo y paciente se han encontrado en las mismas circunstancias, de manera generalizada. Los psicólogos nos hemos encontrado atravesando la exacta misma situación que la gente que nos pide ayuda, complicando el requisito de poner nuestro propio proceso emocional e incrementando el riesgo de desequilibrar y poner el vínculo terapéutico en peligro.

 Una experiencia personal

El estado de alarma del 13 de marzo de 2020 me encontró de baja laboral por una infección respiratoria con tos severa. En la primera semana viví con asombro lo que estaba sucediendo y preguntándome como estarían las cerca de ochenta personas que tenía en psicoterapia que se quedaron descolgadas. El fin de semana empeoré con fiebre, agotamiento y dificultad respiratoria. Me tuve que aislar en mi habitación, muy enferma, con la mente en mi madre octogenaria confinada sola en otro país, mientras mi marido teletrabajaba 12 horas al día y dormía en el sofá, y mis hijos, uno en la universidad y el otro terminando bachillerato y pendiente de hacer el examen de acceso, vivían sus propios dramas. Pasé cuatro días de mucha angustia, intentando calibrar en cada momento si tenía o no tenía el virus (al final, sí lo tenía), si me estaba poniendo peor, y si debería de ir a un hospital.

A la semana del pico de mi enfermedad, en medio de estas circunstancias personales y todavía con síntomas, volví a trabajar, teniendo que llamar y atender unas diez personas diarias que vivían, como yo, en plena pandemia mundial y confinamiento estricto con todas sus consecuencias. Terminado el tercer día de pasar consulta por teléfono, me encontré sentada sin fuerza física ni mental, aturullada y angustiada. En los más de veinte años siendo psicoterapeuta, nunca me había pasado nada parecido. Fue el momento en que me di cuenta de la particularidad de la circunstancia y que tenía que encontrar maneras de cuidarme a mí misma para poder cumplir adecuadamente con mi función. En mi caso, como en el caso de muchos otros terapeutas, las circunstancias que nos ha impuesto la crisis del COVID conllevan varios factores de riesgo para padecer burnout, fatiga de compasión, y trauma secundario y aquello fue un aviso.

El autocuidado de los profesionales de la salud mental

Fueron cuatro los recursos me han ayudado a superar la primera etapa difícil y seguir con la misión importante de ofrecer atención psicológica profesional en unos momentos en que hacía tanta falta.

Mi primera reacción fue hablar con compañeros. Para los psicólogos es un recurso importante poder compartir con colegas, porque la naturaleza del trabajo es muy específica y solitaria. Pero hay que tener cuidado en dos puntos cuando uno comparte: primero que sea con alguien que sabes que te entiende y te apoya, porque hay muchas relaciones profesionales en las que no es el caso. Y segundo, que preguntes si pueden y quieren escucharte en el momento, intentando no replicar el proceso, cargando a alguien que ya está cargado.

El segundo recurso fue cuidarme física y mentalmente. El autocuidado consciente (mindful self-care) es imprescindible para la psicoterapeuta. Lo que lo hace consciente es identificar que tienes pensamientos negativos o se han activado estados anímicos maladaptativos, aceptar el hecho que tienes sobrecarga emocional o cansancio, y a continuación decidir darte el tiempo y espacio para remediarlos. Pasar tiempo con personas que te reconfortan, dedicarte a actividades distintas, practicar meditación basada en el mindfulness y cuidarte físicamente con deporte, masajes y técnicas de relajación muscular son maneras de cuidarte a ti misma.

Crear una nueva estructura que te apoye y te facilite la tarea, es esencial. A menudo en la nueva normalidad falta la oficina física o los horarios específicos y se ha alterado la manera que teníamos de comunicar y organizarnos con nuestros pacientes. Inventando una nueva estructura sobre la cual apoyar el trabajo en las nuevas condiciones y definir y mantener horarios razonables, es una manera de prevenir la sobreexposición y su consecuente estrés.

Formarse. Esta crisis ha traído consigo nuevas problemáticas y con ellas nuevas exigencias de intervención por parte de los psicólogos. Nos hemos hecho expertas en teleasistencia y no tardaron en aparecer cursos, talleres, artículos y muchos otros recursos para formación profesional específica, que son de gran utilidad para poder seguir trabajando en la salud mental de manera eficiente y eficaz.

Un año después

En el último número de la revista del American Psychological Association, se habla del autocuidado para los profesionales de salud mental como un “imperativo ético” después de un año de pandemia. Las circunstancias vividas y su extensión en el tiempo nos han pasado factura a varios niveles, lo mismo que en la población general, con el agravante que para los psicólogos puede llegar a afectar seriamente a nuestro trabajo. Es muy importante que entre los profesionales de salud mental reconozcamos las dificultades emocionales que ha producido en nosotros también esta circunstancia mundial y a través de información, formación, y apoyo mutuo nos cuidamos para poder seguir cuidando de los demás.

Referencias:

  • Abramson, Ashley. The Ethical Imperative of Self Care, APA Monitor on Psychology, April/May 2021.
  • Bueno Ferrán, M., Sergio Barrientos-Trigo, S. (2021) Cuidar al que cuida: el impacto emocional de la epidemia de coronavirus en las enfermeras y otros profesionales de la salud, Enfermería Clínica, Vol. 31, S1, Pages S35-S39.
  • Kerig, Patricia. (4/24/20) Resilience for Trauma Responders: Protecting Ourselves from Secondary Traumatic Stress. Webinar. Continuing Education in Psychology, American Psychological Association
  • García, LMSL., Valdés, K.P., González-Tovar, J., Hernández, A., Sánchez, L.M. (2020) Regulación emocional, autocuidado y burnout en psicólogos clínicos ante el trabajo en casa por confinamiento debido al COVID-19. Revista Colombiana de Salud Ocupacional. 10 (1), 6430-6430
  • InfocopOnline (10/06/2020) Guía de cuidado y autocuidado para las personas que trabajan en el ámbito de la salud mental.
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Acerca de DIMITRA MANOS

Doctora en Psicología Clínica y de la Salud y Psicóloga Sanitaria, me dedico a la clínica, la docencia y la investigación en éste ámbito.

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