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A Fondo: Adopción y Discapacidad Intelectual


11/06/2018 | COMUNICACIÓN
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En la práctica profesional, el reto constante es organizar el mejor enfoque a tenor de las condiciones del caso: experiencia de vida, estructura psicológica y circunstancias vitales.

Cuando afrontamos casos complejos y compartimos nuestras observaciones con un grupo de colegas, a menudo observamos dos condiciones que pueden eclipsarse mutuamente, haciendo que adjudiquemos toda la sintomatología únicamente a una de ellas. Esto nos lleva a intervenciones infructuosas y gran frustración en todos los implicados.

En el grupo de trabajo de Psicología y Discapacidad Intelectual discutimos el hecho de que en los recursos había una presencia significativa de personas con discapacidad que habían sido adoptadas. En este artículo expondremos qué relación existe y qué debemos tener en cuenta como profesionales de la Psicología.

NOCIONES BÁSICAS: ADOPCIÓN ESPECIAL
La adopción es una medida de protección del menor. Todas las personas adoptadas han sufrido un daño temprano, una experiencia traumática marcada por el abandono y la pérdida en un periodo de total vulnerabilidad, y en la mayoría de los casos en entornos de desatención de diversa gravedad, durante un tiempo determinado. Algunas condiciones enmarcan el proceso en lo que se llama “adopción especial”, que no es sino un reto añadido a la situación ya compleja: edad, grupo de hermanos, historia previa y, cada vez con menor conflicto, la etnia. Pero además en algunos casos se presentan necesidades especiales, como la enfermedad crónica, la discapacidad o los problemas de salud mental.

Los niños con discapacidad intelectual (18,6% de las adopciones internacionales, según datos del Hospital Infantil Universitario “Miguel Servet” de Zaragoza) pueden haber sido adoptados en el marco de una adopción ordinaria, sin que los padres fueran conocedores previamente de las necesidades especiales (los informes médicos pueden ser poco informativos o estar sesgados), o llegar a una familia que ya ha aceptado y elegido esa dificultad extra. Según el caso, las familias habrán construido sus expectativas y se habrán preparado para afrontar una parentalidad responsable. Sin embargo, el factor común que más puede ayudar al éxito de la adopción es un sistema que prepare, oriente y acompañe a las familias a lo largo de la vida. Es esencial poner en marcha factores de reparación que reviertan o compensen las dificultades, y que incluso fomenten la resiliencia familiar.

SEGUIMIENTO POSTADOPTIVO: ATENCIÓN A LAS FAMILIAS Y PROBLEMÁTICA ASOCIADA A LA ADOPCIÓN
Ante la carencia de estudios y la dificultad para encontrar datos específicos, puesto que la muestra de personas con discapacidad está diluida o excluida en las investigaciones, actualmente el interés científico sobre este tema está en desarrollo. Estos trabajos se han centrado en el bienestar familiar y los factores asociados al mismo. Los datos indican que las familias están satisfechas con los apoyos informales de los que disponen en su entorno, pero los servicios de apoyo se muestran insuficientes. Es especialmente relevante el hecho de que las familias que adoptaron por la vía del procedimiento especial, es decir, que sabían que su hijo necesitaría apoyos específicos y ajustaron sus expectativas al respecto, expresan un mayor bienestar general y un mayor índice de felicidad.

De cara a la atención de las familias tras la adopción hemos observado carencias en cuanto a prevención, la detección temprana, la provisión de recursos de diagnóstico y atención. Observamos que hay familias que se han preparado y han preparado a su entorno, logrando una experiencia que, si bien no es fácil, sí puede ser muy satisfactoria. Pero otras no sólo no han podido prepararse, sino que quizás tengan que afrontar sus dudas y frustración después de muchos y dolorosos intentos.

Las familias pueden necesitar circunstancialmente asesoramiento especializado, orientación, formación, mediación y apoyo en el ámbito médico, educativo, económico, psicológico y emocional. Estas intervenciones deben observar el no sobreproteger, estigmatizar o des-responsabilizar a las familias. El objetivo es facilitar la accesibilidad de este tipo de a fondo servicios. Los servicios post-adoptivos realizan intervenciones estructuradas especializadas, dependiendo de las necesidades y características de cada familia, en grupo, familiar o de manera individual.

La persona adoptada puede beneficiarse de estrategias de atención que faciliten la disponibilidad de profesionales adecuadamente preparados. Recogemos lo expuesto en estudios sobre la problemática asociada con la adopción en los niños adoptados. Algunos de estos síntomas remiten en un entorno contenedor y adecuadamente provisto de estímulos, relaciones vinculares adecuadas, y condiciones suficientes de alimentación y salud. Otros, sin embargo, serán indicios de patología o discapacidad, que pueden haberse indicado antes de la adopción o no.

- Aspectos psicológicos: identificación, síndrome de indemnización, duelo, sintomatología depresiva y ansiosa, hostilidad, desánimo, dificultades en el desarrollo de la personalidad.
- Aspectos de salud y madurativos: retraso en el desarrollo motor, cognitivo, social y de adaptación. Retraso en el crecimiento, alteraciones en el aprendizaje, disminución de la actividad física y resistencia a enfermedades.
- Aspectos sociales: falta de autonomía, consumo de drogas, abandono escolar, relación social inhibida o desinhibida, problemas de conducta.
- Trastornos frecuentemente diagnosticados: síndrome alcohólico fetal, TDAH, trastornos del espectro autista, trastorno de apego.

La etapa donde con más frecuencia se incrementan o aparecen los conflictos es en la adolescencia.

Todo lo expuesto es válido para la persona con discapacidad intelectual, aunque puede presentarse en manifestaciones diversas. Sin embargo, algunos de estos signos pueden atribuirse de forma errónea a la discapacidad. Dificultades para expresarse verbalmente, para el autoanálisis y la asimilación de conflictos, o la desorientación espacio-temporal, podría también estar ocultando necesidades profundas. Siempre deben estar disponibles los apoyos adecuados para que la persona pueda enfrentarse a los retos emocionales, psicológicos, de identidad, educativos y sociales que irán apareciendo en el desarrollo. Deben proveerse canales de expresión y disponer de los profesionales adecuados que permitan la mejor elaboración de la experiencia, así como la construcción de una vida autodependiente.

La información que recogemos de la práctica nos ilustra cómo las problemáticas mantenidas en el tiempo afectan a las relaciones familiares y suponen un alto desgaste psicológico y emocional en los implicados. Esta circunstancia lleva con frecuencia a la búsqueda de recursos profesionales que minimicen la carga familiar y puedan incidir más intensamente en la problemática, presentando altos niveles de dependencia y riesgo.

EL PROFESIONAL
Los técnicos debemos coordinarnos con todas las personas que atienden al niño, adolescente o adulto adoptado, en el caso de la discapacidad intelectual. Se debe tener una actitud atenta y abierta, siendo cercanos y
accesibles, adaptarse a su necesidad y su capacidad, favorecer la elaboración de preguntas y la asimilación de respuestas. En un enfoque de acompañamiento es importante no invadir la responsabilidad parental y no
minar su autoimagen de competencia. El objetivo es apoyar, nunca sustituir.

En ocasiones el trabajo multidisciplinar puede requerir también formación y asesoramiento de especialistas, y siempre la coordinación. Con frecuencia la demanda gira en torno a dificultades en el autocontrol de las emociones, la búsqueda de satisfacción y placer continua, baja tolerancia a la crítica, impulsividad, dificultad para concentrarse, baja autoestima, falta de autonomía, dificultad para aceptar límites y normas, agresividad y autolesiones, pobres habilidades de resolución de conflictos, sintomatología evitativa y respuestas de inseguridad y miedo. Es probable que la base de estas conductas sea el abandono original.

Adopción no es sinónimo de patología. Frecuentemente el trabajo deberá orientarse hacia la construcción de una confianza básica que permita aumentar la tolerancia a la frustración. El objetivo es encontrar el significado de las conductas expresadas, para poder comprender cuál es la necesidad subyacente.

Por último, es importante tener en consideración y facilitar lo más posible el ejercicio de los derechos de todos. Por ejemplo, el derecho a vivir en una familia o a conocer los propios orígenes.
 

Grupo de Trabajo Psicología y Discapacidad Intelectual







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